Columna de Nefrox
Dentro del presupuesto | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
Testeando
La jornada 5 está a punto de comenzar. Atlético de San Luis llega presionado al partido contra Tigres, con la necesidad de ganarle a un equipo complicado para poder sumar y liberar un poco los malos resultados en las primeras jornadas.
Atlético de San Luis parece una víctima contra los poderosos Tigres. Parece que los del norte pueden llevarse tres puntos para su casa.
Mucho se ha hablado durante la semana del accionar del equipo potosino, muchas personas se han atrevido incluso a señalar a Alfonso Sosa como el responsable de los pobres resultados, diciendo que el equipo le ha quedado grande, que hay jugadores que merecen más minutos, que otros no saben jugar en la división y cualquier cantidad de pretextos para menospreciar lo hecho por el equipo y el técnico.
Mi opinión es concreta y certera: ¡vamos por buen camino!
Y explico: en el juego anterior, el equipo jugó con una línea de cuatro muy marcada con Catalán, Abrante, Laso y Escalante; en media cancha por el centro con Maya y Sánchez; por los costados Reyes y Mayada, un media punta con Gónzalez y un nueve con Ibáñez. Esta alineación parecía suficiente ante la ausencia por lesión de Bilbao y Madrigal (por cierto este último ya recuperado para el próximo partido) y tomando en cuenta que se visitaba una cancha complicada.
En el papel parecía suficiente, pero Chivas jugó con una línea de 5 muy atrevida que metía muchos jugadores en media cancha, superando con ello en momentos a los jugadores potosinos; de ahí nació el primer gol, luego dos penales que no discutiremos si fueron o no, simplemente se traducen en goles.
Sosa intentó cambiar en el segundo tiempo sacando a Escalante por Centurión y retrasando a Reyes para ocupar el puesto de lateral, luego sacó a Maya por Valdez intentando tener más llegada para terminar sacando a González por Berterame para darle variante a la ofensiva. Desgraciadamente ninguno de estos cambios resultó: al final un contundente 3-0 .

Para mi, Sosa no fue el culpable de las circunstancias del partido, y tampoco fue timorato al encarar a Chivas, fue prudente e intentó solucionar las ausencias con jugadores disponibles, sus variantes son lo lógico, lo que el equipo puede dar y no hay más.
Pedir la cabeza del técnico ante esta forma de jugar es conocer muy poco de la estrategia del futbol, es querer tener resultados casi por arte de magia.
Vamos a hacer un ejercicio: tomemos las 19 fechas del calendario de la primera división y simulemos con puntos el camino que logrará Atlético de San Luis:
1.- Pumas (empate 1)
2.- Monterrey (derrota 1)
3.- descanso
4.- Chivas (empate 2)
5.- Tigres (derrota 2)
6.- Veracruz (victoria 5)
7.- Morelia (victoria 8)
8.- Pachuca (empate 9)
9.- Puebla (victoria 12)
10.- Santos (empate 13)
11.- Toluca (derrota 13)
12.- Tijuana (empate 14)
13.- Juárez (victoria 17)
14.- Querétaro (empate 18)
15.- León (derrota 18)
16.- América (derrota 18)
17.- Atlas (empate 19)
18.- Necaxa (victoria 22)
19.- Cruz Azul (derrota 22)
Según este ejercicio y una mera simulación, Atlético de San Luis terminará el torneo con 22 puntos en el presupuesto.
Bien sabemos que me equivoqué ya en tres pronósticos y el equipo lleva más puntos de los que pensaba para la jornada 4.
Con todo esto, solo quiero aclarar: estamos dentro del presupuesto, no es momento de quemar las naves, el equipo juega a algo, Alfonso Sosa está haciendo un trabajo de a poco, pero con pasos firmes. Tiempo al tiempo y el que piense lo contrario que me busque, lo podemos discutir con una buena charla de futbol.
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Columna de Nefrox
¿Cómo volver a ganar? | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Diego.
Hay comienzos que preocupan. Y hay comienzos que simplemente obligan a poner atención.
El Atlético de San Luis está parado justo en ese lugar.
Cuatro jornadas del Apertura 2026 y el equipo de Diego Mejía todavía no sabe lo que es ganar. Dos empates y dos derrotas. Dos puntos de doce posibles. Un arranque que, visto únicamente desde la tabla, invita a encender las alarmas.
Pero quizá todavía sea demasiado pronto para hablar de crisis. Porque también hay que mirar contra quién se ha jugado. Y ahí la historia cambia un poco.
San Luis comenzó enfrentando a Cruz Azul.
Después apareció Tigres.
Luego Tijuana.
Y finalmente América.
No precisamente un calendario diseñado para regalar puntos.
De hecho, en esos primeros cuatro partidos hubo encuentros donde el equipo potosino compitió de tú a tú durante largos pasajes, aunque no siempre encontró la manera de convertir esa competencia en victorias.
El problema es que en el fútbol mexicano las buenas intenciones no aparecen en la tabla.
Después llegó la Leagues Cup.
Y ahí está el otro elemento que puede hacer que este comienzo parezca todavía más complicado.
Porque mientras otros equipos podían concentrarse en corregir sus errores de Liga MX, San Luis tuvo que repartir esfuerzos, preparar partidos distintos y enfrentarse a otra competencia que tampoco terminó de salir como se esperaba.
La Leagues Cup no creó necesariamente una crisis. Pero sí puede agudizar la sensación de que algo no termina de funcionar.
Es como si el calendario hubiera decidido no darle al Atlético ni siquiera una semana para respirar.
Y quizá por eso hay que tener cuidado. Porque una cosa es decir que el equipo no está funcionando como se esperaba. Y otra muy distinta es afirmar que el proyecto de Diego Mejía está en peligro.
Todavía no.
Cuatro jornadas son demasiado pocas para dictar una sentencia.
Más aún cuando el equipo ha enfrentado rivales que, por presupuesto, plantilla y aspiraciones, parten con ventaja.
El problema sería que esta tendencia continuara.
Que los empates comiencen a sentirse como derrotas.
Que las derrotas se conviertan en costumbre.
Que la falta de gol termine afectando la confianza.
Ahí sí habría razones para preocuparse.
Pero el fútbol también tiene una característica maravillosa.
Siempre ofrece una oportunidad para cambiar la historia.
Y la siguiente se llama Pachuca.
El domingo, el Atlético de San Luis volverá a casa para recibir a los Tuzos en la quinta jornada.
Y quizá no podía llegar en mejor momento. Porque hay partidos que sirven para sumar tres puntos. Y hay otros que sirven para cambiar una dinámica. Este puede ser de los segundos.
Pachuca tampoco representa un rival sencillo.
Pero jugar en casa cambia las cosas. El equipo tendrá a su gente. Tendrá la posibilidad de jugar sin el cansancio de un viaje internacional. Y, sobre todo, tendrá la oportunidad de quitarse de encima esas palabras que empiezan a aparecer demasiado pronto: sin triunfo.
Una victoria no solucionaría todo. No borraría la eliminación de la Leagues Cup. No convertiría mágicamente los dos empates y dos derrotas en un buen comienzo.
Pero sí cambiaría la conversación.
Y a veces eso es exactamente lo que necesita un equipo.
Porque todavía hay tiempo. Mucho.
El torneo apenas comienza y la Liga MX ya ha demostrado infinidad de veces que un equipo puede estar abajo en agosto y terminar peleando arriba unos meses después.
San Luis no necesita entrar en pánico.
Necesita mejorar.
Necesita convertir los buenos momentos en goles.
Necesita aprender a cerrar los partidos.
Y necesita que los jugadores que deben marcar diferencia aparezcan cuando más se les necesita.
Eso es todo.
Por ahora.
Porque hay una diferencia enorme entre estar en crisis y estar obligado a reaccionar.
El Atlético de San Luis está en lo segundo.
Todavía.
Pero el fútbol tiene memoria corta.
Y si el domingo vuelve a dejar puntos en casa, entonces la pregunta dejará de ser si hay motivos para preocuparse.
Empezaremos a preguntarnos cuánto tiempo más puede esperar el equipo.
Por eso Pachuca no es solamente la jornada cinco. Es una oportunidad. Una de esas que aparecen justo cuando más falta hacen.
Y quizá San Luis no necesite encontrar todas las respuestas el domingo.
Quizá solamente necesite encontrar una: cómo volver a ganar.

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Regreso a casa | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Hay temporadas que empiezan con ilusión. Otras empiezan con dudas. Y algunas, simplemente, empiezan con la sensación de que el camino será más largo de lo esperado.
El Atlético de San Luis regresó de la Leagues Cup con esa última sensación. No como un equipo que haya sido superado únicamente en el marcador, sino como uno que nunca terminó de encontrarse en la competencia. Un torneo que, para muchos clubes de la Liga MX, se ha convertido en una especie de espejo incómodo ahí donde se mide no solo el nivel, sino también la profundidad real de los planteles.
Y San Luis, en ese reflejo, no siempre se vio completo.
La Leagues Cup terminó. Pero el fútbol no espera. Y la Liga MX ya volvió a encenderse con la misma exigencia de siempre, quizá incluso con más prisa que antes.
El problema para el Atlético de San Luis es que el reinicio no trajo calma. Trajo calendario, trajo rivales, trajo presión y trajo la sensación de que el torneo apenas comienza, pero el margen de error ya se está reduciendo.
El inicio de la Liga MX no ha sido sencillo. No lo es para nadie, pero en el caso de San Luis se siente distinto. Porque no es un equipo diseñado para dominar.
No es un plantel construido para pelear títulos de manera constante.
Es un proyecto que ha aprendido a competir desde la inteligencia, desde el orden y desde la convicción de que cada punto se gana con más esfuerzo que talento puro.
Y eso, en una liga tan exigente, tiene un precio.
La Leagues Cup dejó heridas deportivas y también preguntas. No tanto por los resultados, sino por las sensaciones. El equipo nunca terminó de asentarse, nunca encontró continuidad y, en muchos momentos, pareció más reactivo que protagonista.
Y cuando un torneo internacional te expone de esa manera, el regreso a la liga local no es un alivio. Es una prueba inmediata. Porque la Liga MX no espera procesos. Exige respuestas. Y San Luis ahora enfrenta un calendario que no da tregua. Partidos que pueden marcar el rumbo del torneo desde muy temprano. Rivales que no perdonan desconcentraciones. Y una tabla que, como siempre, no tiene paciencia para los proyectos en construcción.
Sin embargo, incluso en medio de este inicio complicado, hay señales que no deben perderse. Porque este equipo no es solo su momento.
También son sus nombres. Y en ese sentido, hay futbolistas que han comenzado a levantar la mano cuando el contexto se vuelve más pesado.
David Rodríguez, por ejemplo, ha sido uno de esos jugadores que entienden cuándo acelerar y cuándo sostener el ritmo del partido. No siempre aparece en los reflectores, pero su presencia se siente en la estructura del equipo.
Rafael Llorente, con su capacidad de insistir incluso cuando el partido se vuelve incómodo, ha sido otro de los que intenta sostener al equipo desde la constancia más que desde el brillo. Y el francés, ese jugador que se mantiene con la etiqueta de aportar algo distinto, ha mostrado destellos que recuerdan que el talento no siempre necesita adaptación larga cuando hay calidad real.
Son piezas. No soluciones definitivas. Pero sí señales de vida.
Porque ese es el punto más importante de este Atlético de San Luis. No es un equipo diseñado para ser campeón. Y no debería ser evaluado como tal.
Es un proyecto que compite dentro de sus posibilidades, que intenta sostenerse en una liga donde la diferencia entre presupuestos, planteles y aspiraciones es cada vez más evidente.
Y aun así, sigue compitiendo.
El problema del fútbol moderno es que la paciencia se ha vuelto un lujo. Se exige inmediatez. Se exige espectáculo. Se exige resultado.
Pero no todos los equipos están construidos para responder a todo al mismo tiempo.
Y San Luis, hoy, es uno de esos casos donde el proceso importa tanto como el marcador.
Lo que viene no será sencillo. Las próximas jornadas pondrán a prueba no solo al equipo, sino también a la idea que lo sostiene. Habrá partidos donde el margen será mínimo. Otros donde la exigencia será máxima. Y algunos donde la única forma de competir será resistir.
Pero incluso en ese escenario, hay algo que no debe perderse de vista. Este equipo no está vacío. Tiene futbolistas que compiten. Tiene jugadores que responden. Y tiene una base que, aunque todavía no alcanza para pensar en grandes objetivos, sí alcanza para sostener una identidad.
Quizá el error sería exigirle a este Atlético de San Luis lo que no está diseñado para dar. Quizá la virtud esté en entenderlo antes de juzgarlo.
Porque en el fútbol, como en la vida, no todos los proyectos nacen para ser campeones.
Algunos nacen para resistir.
Para crecer.
Para construir.
Y para, con el tiempo, sorprender cuando nadie lo espera.
Por ahora, el equipo vuelve a la Liga MX con más preguntas que respuestas.
Pero también con algo que no siempre se valora lo suficiente: jugadores que siguen levantando la mano incluso cuando el contexto no ayuda.
Y en un torneo tan largo, tan exigente y tan cambiante como este, a veces eso es suficiente para mantenerse vivo.
Aunque el camino todavía sea largo.
Y aunque el destino, por ahora, no esté escrito para la gloria.

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El último partido | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Hay partidos que se recuerdan por el marcador.
Y hay otros que se recuerdan porque, sin saberlo, fueron una despedida.
El 14 de febrero de 2006, un joven Andrés Guardado pisó la cancha del Alfonso Lastras con la camiseta del Atlas. Era apenas un futbolista que comenzaba a llamar la atención, uno de esos talentos que prometían mucho, pero que todavía no cargaban con el peso de las expectativas. Meses después estaba jugando en Europa y aquella terminó siendo la última vez que San Luis lo vio con un equipo mexicano en muchos años (Andrés volvió a San Luis con León en 2025).
Nadie lo sabía esa noche.
Las despedidas importantes casi nunca avisan.
Veinte años después, el Alfonso Lastras vuelve a recibir a un futbolista que parece destinado a cruzar el océano más temprano que tarde.
Gilberto Mora.
Y cuesta trabajo no pensar en aquella imagen de Guardado. No porque sean el mismo jugador.
No porque sus carreras tengan que seguir el mismo camino. Sino porque ambos llegaron a San Luis con esa extraña sensación que producen los futbolistas diferentes. Esos que uno disfruta sabiendo que probablemente no volverá a ver muchas veces por aquí.
Gilberto Mora juega con una naturalidad que desarma. Hay jóvenes que parecen apresurados por demostrar que son buenos.
Él no.
Parece jugar convencido de que el tiempo siempre le pertenece. Recibe, levanta la cabeza, espera medio segundo más que los demás y, cuando todos creen que perdió la oportunidad, encuentra un pase que nadie había visto. Eso no se enseña. Eso aparece muy de vez en cuando.
Por eso resulta tan difícil hablar de él sin caer en exageraciones. Pero también sería injusto esconder la emoción.
Y entonces aparece una idea inevitable.
¿Y si de verdad estamos viendo al futbolista mexicano con el techo más alto de todos?
La historia siempre será cuidadosa con esas afirmaciones.
Antes estuvieron Hugo Sánchez, Rafael Márquez, Andrés Guardado y muchos otros que hicieron carrera durante dos décadas.
Gilberto apenas comienza.
Pero hay algo en su manera de entender el juego que invita a pensar en grande. Muy grande.
Por eso su visita al Alfonso Lastras tiene un valor distinto. No es solamente Tijuana enfrentando al Atlético de San Luis.
Es la posibilidad de ver, quizá por última vez en esta ciudad, a un futbolista que dentro de unos meses podría estar recorriendo estadios europeos.
Así pasó con Guardado. Un día vino como un joven prometedor. Al siguiente ya pertenecía a otro fútbol.
A veces el fútbol tiene estos pequeños regalos.
Nos permite ver el principio de historias que después terminan contándose desde muy lejos.
Quizá dentro de quince o veinte años alguien recuerde que Gilberto Mora jugó una noche en San Luis antes de convertirse en la figura que todos imaginaban.
Quizá no.
El fútbol también sabe romper pronósticos.
Pero si algo ha demostrado este muchacho es que los escenarios parecen quedarle pequeños.
Y cuando eso sucede, normalmente el siguiente destino está del otro lado del Atlántico.
Si este termina siendo su último partido en el Alfonso Lastras con la camiseta de un club mexicano, habrá valido la pena detenerse un momento para verlo.
Porque los grandes futbolistas no solo dejan goles o asistencias. También dejan recuerdos.
Como aquel muchacho de cabello largo que una noche de febrero de 2006 jugó con el Atlas antes de conquistar Europa.
Y como este adolescente que hoy viste los colores de Tijuana, pero que da la impresión de estar de paso.
Porque hay talentos que pertenecen a un equipo.
Y hay otros que, desde muy temprano, parecen pertenecer a la historia.

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